La próxima gran batalla tecnológica podría no ocurrir dentro de nuestro teléfono, sino delante de nuestros ojos.
Durante casi dos décadas el smartphone se convirtió en el centro de nuestra vida digital.
Ahí están nuestras fotografías, conversaciones, cuentas bancarias, mapas, entretenimiento, trabajo, redes sociales y prácticamente toda nuestra identidad digital.
Ahora la industria tecnológica comienza a imaginar qué viene después.
Y una respuesta aparece cada vez con más fuerza: dispositivos con inteligencia artificial que podamos llevar puestos durante todo el día.
La idea parece increíble
Imagina unas gafas capaces de observar aquello que tienes delante y responder inmediatamente preguntas sobre el entorno.
Podrían traducir un letrero, recordar dónde estacionaste, identificar un objeto, darte indicaciones sin sacar el teléfono del bolsillo o resumir una conversación.
Desde el punto de vista tecnológico, es fascinante.
Pero existe un detalle enorme que la industria tendrá que solucionar antes de que este tipo de productos se conviertan realmente en algo cotidiano.
Tu teléfono está en el bolsillo. Tus gafas miran a todo el mundo.
Ahí está la gran diferencia.
Cuando utilizamos un teléfono para tomar una fotografía, normalmente es evidente. Sacamos el dispositivo, apuntamos la cámara y presionamos un botón.
Con unas gafas inteligentes la situación cambia.
Una cámara colocada permanentemente frente a nuestros ojos puede registrar el entorno con mucha más naturalidad y, para quienes están alrededor, puede resultar difícil saber cuándo está funcionando.
Reuters informó esta semana que precisamente estas preocupaciones están convirtiéndose en uno de los principales obstáculos para la nueva generación de dispositivos impulsados por inteligencia artificial.
El problema no es solamente quién graba
También importa qué sucede después con la información.
Cuando un dispositivo necesita inteligencia artificial para interpretar imágenes, conversaciones o situaciones del mundo real surgen preguntas inevitables:
¿Permanece en el dispositivo?
¿Viaja a servidores externos?
¿Cuánto tiempo se almacena?
¿Puede utilizarse para mejorar modelos de IA?
¿Una persona podría revisar determinados contenidos?
¿La persona que aparece frente a la cámara dio su consentimiento?
Son preguntas que probablemente determinarán qué compañías conseguirán ganarse la confianza del consumidor.
La mejor IA podría no ser suficiente
Durante años medimos los dispositivos principalmente por especificaciones: procesador, pantalla, cámara, batería o almacenamiento.
Con los dispositivos de inteligencia artificial aparece otra característica igual de importante: la confianza.
Una empresa podría tener el asistente más avanzado del mundo, pero si las personas sienten que llevarlo puesto significa convertir cada conversación en información potencialmente procesable, la adopción puede frenarse.
¿Realmente reemplazarán al teléfono?
En nuestra opinión, no inmediatamente.
El smartphone tiene demasiadas ventajas acumuladas: una enorme pantalla, privacidad relativa cuando está guardado, millones de aplicaciones, cámaras excelentes y una interfaz que prácticamente todo el mundo sabe utilizar.
Lo más probable es que durante bastante tiempo las gafas inteligentes sean un complemento.
Sin embargo, cada función que puedan ejecutar sin sacar el teléfono del bolsillo reduce un poco nuestra dependencia de la pantalla.
República Dominicana también tendrá que discutir esto
Cuando estas tecnologías se popularicen, las preguntas no serán exclusivas de Estados Unidos o Europa.
También tendremos que preguntarnos qué ocurre cuando alguien entra a un comercio, oficina, escuela, clínica o espacio privado utilizando unas gafas capaces de grabar o interpretar automáticamente lo que observan.
La tecnología puede avanzar muy rápido. Las normas sociales suelen necesitar bastante más tiempo.
Nuestra opinión | DR Accesorios RD
Nos entusiasma la idea de una tecnología que reduzca nuestra dependencia de mirar una pantalla constantemente.
Pero no queremos que para conseguirlo tengamos que acostumbrarnos a vivir rodeados de cámaras inteligentes cuyo funcionamiento nadie entiende completamente.
Para nosotros, el verdadero dispositivo revolucionario no será solamente el que tenga la mejor IA.
Será el que consiga ofrecer esa inteligencia sin obligarnos a sacrificar la confianza.
Las compañías que entiendan eso tendrán una enorme ventaja.
Porque el usuario puede perdonar una cámara mediocre, una batería que dure algunas horas menos o incluso un diseño extraño.
Lo que difícilmente perdona es sentir que perdió el control de su propia privacidad.
Conclusión
Las gafas inteligentes y otros dispositivos de IA podrían convertirse en uno de los cambios tecnológicos más importantes desde la llegada del smartphone.
Pero para conseguirlo necesitarán algo más complicado que un buen procesador o un modelo de inteligencia artificial espectacular.
Necesitarán nuestra confianza.
Y posiblemente esa termine siendo la especificación más importante de todas.
Fuente de contexto: Reuters.
DR Accesorios RD — Nuestra opinión sobre la tecnología que viene.

